domingo, 22 de mayo de 2016

La caverna de Platón



El mito de la caverna escrito por el filósofo griego Platón ha sido siempre uno de mis favoritos. Y no solo por ser bello en sí mismo, sino también porque creo que describe de una manera bastante precisa la situación del hombre moderno respecto de las verdades eternas, trascendentes: Dios, alma, inmortalidad, eternidad.

En su relato de la caverna, que se encuentra en el libro VII de su obra 'La República', Platón cuenta la historia de unos hombres que viven cautivos en una cueva bajo la tierra, y esto desde su nacimiento, de manera que jamás han visto el exterior ni la luz del sol. Estas personas viven eternamente contemplando una pared de la cueva sobre la cual se reflejan unos objetos que están a sus espaldas, objetos que por recibir la luz de una llama se reflejan sobre la pared del frente, única que pueden ver los cautivos. De manera que estos pobres infelices nunca han visto la realidad exterior, solo sombras.

Asimismo habla allí Platón de la situación en la que se encontraría uno de los hombres de la caverna si fuera liberado de sus cadenas y pudiera salir a la luz exterior a contemplar la realidad; seguramente le costaría trabajo acostumbrar sus ojos a la luz, distinguiría al principio muy poco a causa de la debilidad de sus ojos acostumbrados a la oscuridad de la cueva; y solo poco a poco iría logrando ver con claridad todo a su alrededor, hasta llegar a contemplar directamente el mismísimo sol en el firmamento.

Y si este afortunado hombre regresara a la caverna a contar a sus antiguos compañeros de cautiverio todas las maravillas que sus ojos han contemplado, ¿Cómo lo recibirían? ¿Creerían en él? ¿Se burlarían? ¿Creerían que se ha vuelto loco?

Porque los cautivos de la caverna han contemplado solo sombras toda su vida, por lo tanto para ellos esa es la realidad y no hay otra. De manera que al ver llegar a su compañero presa del entusiasmo a compartirles su aventura y su encuentro con la realidad, ¿Cómo lo recibirían?

Lo más seguro es que lo tomaran por loco, o que por lo menos no creerían sus palabras. ¿Cómo podrían creer que hay más allá de las sombras un mundo iluminado por el verdadero sol, repleto de cosas magníficas por descubrir? no; Lo más seguro es que desearían seguir tranquilamente contemplando las sombras reflejadas en la pared, su única realidad.

El relato de Platón incluye otros detalles, pero lo dicho es la parte esencial de la historia.

Pues bien, decía al inicio que esa historia, (que Platón escribió buscando ilustrar la situación de los hombres respecto de la educación y la ignorancia), describe con asombrosa precisión el estado del hombre moderno respecto de las grandes verdades: Dios, alma, inmortalidad, eternidad.

Desde hace ya un par de siglos la humanidad ha venido sepultándose cada vez a mayor profundidad en una cueva subterránea que pareciera no tener final. Allí, la humanidad ha decidido contemplar sombras vanas que le ocultan la verdadera realidad, la realidad luminosa de la presencia de Dios en la historia humana. Y los ojos de las nuevas generaciones, hijos de aquellos que iniciaron ese camino de descenso hacia la caverna, han crecido ya sin ninguna referencia al sol, no lo conocen, ni siquiera logran darle sentido a la palabra. Tal y como las nuevas generaciones de jovencitos respecto de palabras tales como: religión, Dios, alma, piedad, etc. Palabras sin sentido para una generación acostumbrada de nacimiento a contemplar solo sombras.

Y cada vez que a alguno de ellos le es concedido ascender para contemplar lo que hay más allá de las sombras, regresa asombrado a compartir su hallazgo con sus ex-compañeros de caverna, y se encuentra con la actitud hostil de quienes ahora lo consideran loco por hablar de cosas que para ellos no existen, solo porque nunca las han podido ver.

¿Cómo poder convencer a unos ojos que solo han visto oscuridad, de que existe más allá de la caverna otra región repleta de hermosura, iluminada por un sol eterno y amoroso?


Leonardo Rodríguez




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