lunes, 13 de marzo de 2017

La importancia de tener un plan de lectura

Resultado de imagen para lectura

Siempre ha sido imperativo el deber de leer y formarnos para estar en guardia contra los errores de todo tipo que se propagan en la sociedad. Errores de tipo moral sobre todo, pero también errores de tipo metafísico, epistemológico, teológico, etc., que aunque requieren de un poco más de dedicación al estudio para poder detectarlos y combatirlos, es importante no dejarlos de lado porque son la base o la raíz de donde luego surgen los errores de tipo moral, que son los más evidentes a simple vista.

Antiguamente la sociedad creyente contaba con la palabra de los sacerdotes, que al recibir una formación filosófica y teológica sólida en los seminarios, salían a sus ministerios bien pertrechados a dar el combate por las buenas ideas, enseñando al pueblo y manteniéndolo alerta.

También se contaba con intelectuales católicos, seglares talentosos muy conocedores de la sana doctrina que escribían, dirigían periódicos y participaban en todas las polémicas que contra la verdad se levantaban aquí y allá en este valle de lágrimas.

Pero de esto hace ya mucho tiempo...

Las cosas han cambiado bastante y para mal. Los sacerdotes son pésimamente formados en los seminarios, en su inmensa mayoría ya no aprenden nada sólido, y así deformados salen a ejercer su ministerio. Como no tienen nada de doctrina para ofrecer se dedican al activismo, realizan eventos para recoger fondos para el techo de la iglesia o para ampliar la casa parroquial. Y respecto de las almas se dedican a hacer eco de las consignas sentimentaloides que estén más de moda o simplemente a hablar de los derechos humanos.

Y los seglares que antes eran formados y talentosos son ya una especie casi extinta, quedan pocos ejemplares. La mayoría están adormecidos por las comodidades de la vida y no ven siquiera la necesidad de formarse, de aprender, de leer, de conocer. Tienen cosas más "importantes" en qué pensar.

Entonces, ¿qué hacer? Formarse, interesarse, aprender por cuenta propia, porque del clero progresista no nos vendrá nada de valor y seglares que estén cumpliendo esa tarea hay pocos, y los pocos que hay están acallados por la bulla de los mediocres.

Pero para formarse hay que tener un plan. No conviene leer en desorden, de todo, sin ton ni son. Por el contrario conviene trazarse un plan y cumplirlo. Teniendo siempre en mente ese adagio latino que dice que hay que leer "Non multa, sed multum", es decir, no muchas cosas sino leer mucho aquello que estemos leyendo, leer con cuidado, con atención, tomando apuntes, reflexionando a cada paso sobre lo leído, escribiendo lo que la lectura nos va sugiriendo, etc. Si solo leemos un libro de formación al año, pero lo leemos pausadamente, habremos hecho mucho más que si leemos cincuenta pero a las carreras y con el único afán de devorar cantidad.

¿Cómo sería un buen plan de lectura? Ante todo hay que definir qué queremos aprender y cuánto tiempo le vamos a dedicar. Ya después veremos si se requería más o menos tiempo del que asignemos al inicio. Por ejemplo, puedo decidir que le voy a dedicar los siguientes dos meses a leer sobre lógica. Y cumplirlo. Aunque a los dos días no quiera seguir porque me haya aburrido el tema. Es cuestión de disciplina, que es la madre de todos los logros. Y también cumplir en cuanto al tema, de manera que a los dos días no esté más bien leyendo sobre las pruebas de la existencia de Dios. Entonces lo primero es definir tema y tiempo.

Lo segundo es definir método. Debo combinar la lectura reflexiva con la toma de notas. Leer reflexivamente consiste en leer con pausa, saboreando cada idea y cerrando el libro cada que algo nos llamó la atención. De manera que la lectura sea un verdadero proceso de alimentación intelectual, de asimilación. Si hay palabras que no entendí las anoto y busco su significado. Si hay ideas que me sorprendieron las anoto y las repaso luego dando un paseo. Importa también mucho escribir, es un ejercicio que pocos hacen pero que conviene mucho. Cada que acabes un capítulo o un apartado del texto que estés siguiendo pon por escrito lo que más se te ha quedado, escríbelo con tus palabras y también escribe ahí mismo tus reflexiones respecto de esas ideas. Leer, meditar y escribir.

Finalmente trata de comunicarte con personas que estén interesadas en el tema que tienes entre manos. Intercambia ideas, comparte reflexiones con ellos y busquen formular preguntas sobre ese asunto para después buscar respuestas en la lectura que hayas escogido.

Si logras elegir tema y tiempo, y también sigues con juicio un buen método, seguramente tendrás al cabo de un tiempo buenos resultados. Un año es un periodo de tiempo amplio que permite organizar varios temas de estudio, dos o tres por lo menos. Es impresionante la formación en sana doctrina que se puede adquirir teniendo un plan y siguiéndolo religiosamente. Piénsese por ejemplo en todo lo que se podría lograr en solo un par de años. 

Pero hay que empezar ya, los que sostienen las malas doctrinas (como la ideología de género por poner un solo ejemplo) no están descansando, todo lo contrario, están muy activos, leyendo, organizándose, escribiendo y peleando.

¿Y nosotros?


Leonardo Rodríguez



viernes, 10 de marzo de 2017

Discurso dominante



Se ha establecido un discurso dominante que, 'curiosamente', coincide con los postulados del progresismo marxista, y más específicamente del progresismo neomarxista, ese que huele a Gramsci por donde se le husmee. Los liberales atacan al engendro neomarxista desde sus propios postulados 'libertarios', acusando al neomarxismo de inocular la estrangulación de los, para ellos, sacrosantos derechos del individuo, y traer tras de sí la tiranía del Estado, cuando para el buen liberal lo mejor sería que ni existiera el Estado o se limitara a ser como el abuelo que mira desde lejos jugar a sus nietos, libremente, sin inmiscuirse demasiado en las travesuras de los pequeños, ya que ellos se las arreglan solos.

Pululan hoy en ese subuniverso que han venido a ser las redes sociales, los proponentes de un liberalismo a rajatabla, considerado única salida y salvación posible frente al tsunami de neomarxismo o marxismo cultural que se nos vino encima, pasito a pasito, casi sin darnos cuenta, adormecidos como estábamos (y estamos) por las 'comodidades' (para el cuerpo, espinas para el alma) que esta sociedad moderna ofrece a raudales. El liberal divide entonces las cosas en blanco y negro, el neomarxismo es todo lo malo, el liberalismo es todo lo bueno. El católico atento sonríe.

Porque tan lejano está del catolicismo y su propuesta socio-político-cultural el marxismo, como lo está el liberalismo, es que no es que el uno sea bueno y el otro malo, es que ambos son malos en tanto que nacen ambos de igual divinización de la libertad humana, en su versión individualista o colectivista, poco importa.

La iglesia condenó el marxismo, por supuesto. Pero también condenó el liberalismo, eso es clarísimo y bastaría con revisar algunos de los más representativos documentos que la iglesia fue emitiendo desde su suprema autoridad durante ese fatídico siglo XVIII, pésimamente llamado siglo de las luces, y durante todo el XIX, para tener ocasión de comprobarlo. Ahí están las encíclicas de Pío IX, de León XIII, etc. ¿Que está condenado el marxismo? Por supuesto, pero también el liberalismo está condenado.

Hablan hoy de que lo que la iglesia condenó fue un 'liberalismo moral' (relativismo), y que lo de ellos frente al marxismo cultural es un liberalismo económico y político. Es decir, su liberalismo sería solo libre mercado y capitalismo, por un lado, y primacía de los 'derechos' del individuo frente a toda indebida intromisión del Estado, como garantía contra toda tiranía o gobierno despótico, por otro. Bien, si solo fuera eso. Porque es claro que la iglesia postula el derecho a la propiedad privada, claro que sí, pero con ello no santifica los monopolios ni la explotación del hombre por el hombre, ni la búsqueda de la riqueza por la riqueza misma. Y claro que la iglesia rechaza la absolutización del Estado, ni más faltaba, pero con ello no santifica el individualismo enemigo de todo orden social y de todo ejercicio legítimo de la autoridad.

Lo que pasa es que se confunden las cosas a beneficio propio. Pareciera que todos quieren emparentar con el cristianismo, entonces los 'intelectuales' marxistas escriben libros proclamando a Cristo como el primer obrero revolucionario contra la tiranía de los poderosos, y construyen la 'teología' de la liberación para difundir su idea. Y también los liberales adelantan el mismo intento, buscan teorizar sobre la dignidad humana y la libertad del hombre, claramente defendidas por el cristianismo, para con malabarismos mentales emparentar dichas causas con sus propias versiones de lo que es la libertad y la dignidad. Como mezclar el agua y el aceite. Pero a nivel de discurso les funciona y a los ojos de muchos logran emparentar con el cristianismo, hasta el extremo de que para algunos el liberalismo fue verdaderamente fruto del catolicismo, fruto natural para más.

Algo tiene de importante el cristianismo cuando todos quieren emparentar con él. Pero son solo sueños, tanto la tiranía marxista como la pseudolibertad del liberalismo (que está a la base de todas sus versiones, sean estas económicas, políticas o morales) están condenadas con igual condena, y permanecen por igual lejos del dogma católico, que en estos temas conserva con gallardía un justo medio, como diría Aristóteles, justo medio entre dos extremos igualmente viciosos.

Lo que pasa es que la doctrina de la iglesia sobre estos asuntos es desconocida, y lo que se conoce de ella son las versiones que dan eclesiásticos extraviados a un lado o a otro, porque cuando no se trata de hombres de iglesia pletóricos de marxismo, se trata entonces de 'curas' liberales amigos de los "inmortales principios del 89". Y ni los unos ni los otros aciertan, se equivocan ambos. Pero es lo que llega al público en lugar de lo que debería llegar: la verdad.

Por ahora parece que el pulso entre estos dos errores simétricos, liberalismo y marxismo, lo está ganando el marxismo cultural. Lo vemos a diario y nos asusta el futuro que se anuncia entre negros nubarrones. No que el triunfo de los liberales nos asustara menos, sino que más bien nos angustia que de las dos opciones que actualmente se disputan el panorama, ambas serán catastróficas para la fe. Dios nos agarre confesados.


Leonardo Rodríguez

domingo, 5 de marzo de 2017

Aprender latín

Ponemos aquí nuevamente el material que consideramos más sencillo y apropiado para aprender latín, de entre todos los que es posible encontrar en la web. Añadimos esta vez dos pdf con ejercicios. Invitamos como siempre a quienes puedan adquirir los libros en físico a que lo hagan.

Imagen relacionada Imagen relacionada
Resultado de imagen para lingua latina exercitia Imagen relacionada